Estos días he leído Nuestra Señora de París y he necesitado no poca paciencia para soportar los tormentos a los que me ha sometido su lectura. ¡Es el libro más abominable que se ha escrito nunca! Además, las torturas que uno tiene que soportar ni siquiera se ven compensadas por el disfrute que, por ejemplo, se podría obtener con la plasmación veraz de la naturaleza o de los caracteres humanos. Todo lo contrario, ¡su libro carece de toda naturaleza y de toda verdad! Los personajes que representa no son criaturas de carne y hueso, sino marionetas de madera a las que hace saltar a su antojo y a las que insta a hacer toda clase de distorsiones y muecas en función de lo que le venga bien a cada momento para obtener los efectos que persigue. ¡En qué tiempos vivimos, que no sólo promueven y hacen posible un libro así, sino que incluso lo encuentran tolerable y divertido!


En: GOETHE en Conversaciones con Goethe, de J. P. Eckermann, Acantilado, Barcelona, 2005, pág. 853. Traducción de Rosa Sala Rose.



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