Norberto Fuentes, y ésta es una de las rarezas del libro, no oculta que ha sido uno de los privilegiados de la revolución. Se pavonea con un Rolex por las calles de La Habana y nos cuenta esa curiosa costumbre, entre los mandos, de tener todo por duplicado: dos Rolex, dos casas, dos mujeres. También habla de las cárceles y de las guerras del régimen, un régimen que él defendía con ardor guerrero hasta que las cosas se le pusieron malas. Es como si Raúl Castro hoy se exiliara en Miami y escribiera un libro lamentándose de las injusticias cometidas por su hermano en cuarenta años de dictadura. Norberto Fuentes, sin embargo, fue un escritor de cierto talento y eso aún persiste, una sombra apenas de lo que fue o pudo ser, pero allí está. Y se nota. No pide perdón. La revolución cubana aparece en sus páginas tal como es: una película de gansters rodada en el trópico. Y en esa película de gansters Norberto Fuentes cree tener un papel importante, cuando en realidad sólo ha sido uno de los bufones del amo y nada más. El experto oficial en Hemingway intenta en su exilio norteamericano escribir como Hemingway, pero no lo consigue. Sus páginas hablan de la indignidad y la vergüenza y su escritura rezuma indignidad y vergüenza. Lejos están las fiestas y el poder. Lejos están los paseos por La Habana a bordo de su Lada soviético trucado. 

Norberto Fuentes ya no es un escritor, es un alma en pena.


En: ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 159 y 160



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