Me habla de la conferencia de Adelina del Carril sobre Güiraldes: "Güiraldes se pasó años y años anotando en tarjetas toda clase de idioteces. "La poesía es salud", por ejemplo. o "El cencerro de cristal es un libro que da pataletas en el ire". En otra tarjeta ataca al soneto: "El soneto tiene un molde, trata cualquier tema, le sale siempre su budín: el soneto". ¿Cómo no vio que el soneto era una invención bastante admirable, que permitiría a gente de diversas épocas hacer obras tan dispares como los sonetos de Quevedo, de Verlaine, de Dante, de Rossetti? Es claro que cómo le iban a gustar a él los sonetos si nunca pudo hacer uno. Otros escritores escribieron más fluidamente sonetos que Güiraldes el verso libre o sus tarjetas. Lo más notable del estilo de Güiraldes es la torpeza, la dificultad. Todo es feo; nunca es encantador. Insiste en que es un incomprendido; la gente no lo leía porque fuera raro -había otros escritores raros- sino porque sus libros valían poco. Pensá en los libros anteriores a Don Segundo". 

Bioy: "Uno estaría muerto si su propia fama se cifrara en libro que no resisten el examen; sin embargo, ahí están los libros de Güiraldes, se citan descaradamente y no pasa nada: la fama sigue". 

Borges: "Pero la gente no es tan sonsa. No condena nada de Güiraldes, pero sólo lee Don Segundo". Los otros libros no se venden. Don Segundo es un libro bastante primitivo, escrito con torpeza y pretensión. Yo nunca pude leerlo entero. Después de la publicación de Don Segundo, Güiraldes parecía loco. El libro se le subió a la cabeza. Escribió esos poemas sobre su orgullo, su hombría, etcétera... No bien tuvo éxito Don Segundo, Güiraldes empezó a hablar con menosprecio del Martín Fierro: "Los gauchos no son así", etcétera. En Don Segundo hay una sola referencia: dice que el protagonista no quería ser como Martín Fierro, un gaucho en continua fuga de la partida". 

Bioy: "Reprocharle que huyera de la partida no me parece justo". 

Borges: "Es claro. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ahora, si Don Segundo es el hombre más admirable que pudo inventar, no llegó muy lejos". 

Bioy: "No se le ocurrió nada. Don Segundo pasa con su nombre...". 

Borges: "No hay un episodio que le dé vida". 

Bioy: "Como novelista o cuentista Güiraldes no tiene ningún talento. Como poeta tampoco". 

Borges: "Como poeta es malísimo...".


En: ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 174 y 175



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